Historia de la pluma estilográfica

La aparición de la estilográfica repre­senta una etapa importante en la historia de la escritura. En la Antigüedad ha sido una herramienta fundamental de escribanos y traductores. En Traducciones AGORA somos conscientes de ello. Por ello, nuestros traductores de Valencia han preparado el siguiente artículo para rendirle homenaje. Comenzamos ya con el origen e historia de la pluma.

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El origen de la pluma: el cálamo

Del cálamo hasta la pluma de ganso, de la pluma metálica hasta el portaplumas con cargador de tinta, la pluma siempre ha avanzado hacia formas más prác­ticas. Pero, ¿conoces el origen de la pluma?

El desarrollo de los instrumentos para escribir se inicia el día en que un escriba sumerio deli­nea en una tablilla de arcilla los signos de la primera escritura, en el IV milenio a.C.

El cálamo, una sencilla caña tallada, sirve para trazar los signos pictográficos de la escritura sumeria. Pero, cuando el escriba quiere escribir más rápido, no tarda en darse cuenta de que, encima de la arcilla fresca, es más fácil imprimir señas que trazar líneas.

Sobre todo cuando son curvas: el uso simul­táneo en tiempos remotos de dos instrumen­tos, el cálamo de punta aguda para trazar y el cuño de punta roma para imprimir se lo recuerdan siempre.

Este hecho, observado por el historiador de la escritura J. G. Février, explica por qué la escritura sumeria, someti­da a la «tiranía» de la herramienta, pasa muy tempranamente de la fase pictográfica a la fase cuneiforme. El nuevo cálamo tallado en bisel, se adecúa más para imprimir unos «triángulos» más o menos alargados que para trazarlos.

Mientras tanto, en Egipto, aparece el grabado en piedra, pero es un proceso lento reservado para casos muy especiales. Por lo tanto, el cálamo consti­tuye el instrumento de escritu­ra más empleado durante la Antigüedad y sigue vigente para escribir sobre tablillas de cera hasta el siglo VII.

La aparición de la tinta y el papel

El inicio de la escritura con tinta sobre papiro y sobre pergamino provoca una transforma­ción en las técnicas y los procesos de escritu­ra. Sobre todo, permite usar la escritura cursi­va, que enlaza los caracteres, lo que simplifica el trazado y da mayor fluidez a la grafía.

Obviamente, ni el cálamo ni el buril sirven para escribir sobre estos nuevos materiales. Para ello se usan plumas de aves que son men­cionadas por primera vez con certeza en Anonymus Valesianus, durante el reinado ostro­godo de Teodorico (siglo VI), y en los textos del poeta Sidonio Apolinar (siglo VII).

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El arte de la pluma

La famosa «pluma de ganso» proviene en rea­lidad de múltiples aves: buitre, pelícano, cisne, cuervo, pato y, por supuesto, ganso. Se talla en doble bisel, con una ranura en el medio, por la que escurre la tinta, técnica deli­cada considerada como un arte.

Pero las plu­mas de ganso se desgastan rápidamente y son muy sensibles a la humedad del aire (se ablandan en tiempo de lluvia). Por ello, en Europa, las plumas metálicas empiezan a sus­tituirlas a partir del siglo XVII.

Primero, son objetos de lujo, pues están hechas de plata, volviéndose más populares en 1776, año en que el francés Alexandre Arnoux inventa su «pluma económica» en acero. Múltiples paten­tes de plumas metálicas y de portaplumas son registradas en el siglo XIX.

La primera pluma portátil

Paralelamente, los inventores empiezan a dotar a sus plumas con reservas de tinta: son las «plumas sin fin» o «plumas estilográficas», que aparecen en Francia ya en 1657.

La Enciclopedia de Diderot (edición de 1751) men­ciona «una especie de pluma hecha de tal manera que contiene cierta cantidad de tinta, que escurre poco a poco y permite escribir sin tener que tomar tinta nuevamente», si bien el autor la califica de «instrumento deficiente».

Tal opinión es compartida por los usuarios de estos primeros instrumentos con reservas. Uno de ellos escribe: «Estas plumas cargan y destilan su tinta de la misma manera que una serpiente venenosa.»

En 1883, cansado de las constantes pérdidas de tinta de su pluma estilográfica, el estadou­nidense Lewis Edson Waterman estudia el problema del intercambio tinta-aire, principal responsable de la mala alimentación de las estilográficas.

Se le ocurre entonces la idea de alimentar la punta del instrumento por capilaridad, por medio de una pieza llamada “conducto”. Esta pieza, dotada de canales capila­res, se adapta de forma hermética en la unión con el depósito y permite una alimentación regular de tinta.

De este modo, Waterman ha descubierto el principio fundamental de todas las estilográficas. El 12 de febrero de 1883 registra la patente de “la Regular”, pluma longi­línea con revestimiento de madera y llenada con cuentagotas.

El éxito de esta estilográfica es total e inmediato y consagra la superiori­dad del nuevo procedimiento. La única com­petencia real vendrá más adelante con el bolí­grafo y, por supuesto, con la máquina de escribir.

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